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Artículo

Los trastornos mentales en el cine y las series

Un análisis sobre cómo se representan los problemas de salud mental en el mundo audiovisual
Dra. Irene Cambra

Dra. Irene Cambra Badii

Doctora en Psicología, investigadora y profesora de bioética y cine. Cátedra de Bioética
Universitat de Vic - Universitat Central de Catalunya
Cine

Resumen

El cine y las series, influenciados por plataformas de streaming como Netflix, HBO y Amazon, se han convertido en medios poderosos para la difusión y el debate sobre los trastornos mentales, creando y modificando los imaginarios sociales sobre estos temas. Los audiovisuales pueden presentar una diversidad de estas condiciones, pero a veces ofrecen representaciones inexactas que pueden llevar a estigmatizaciones o malentendidos sobre los síntomas y tratamientos. Series recientes han puesto el foco en personajes con enfermedades mentales, presentándolos de manera más empática y humana, y permitiendo así la posibilidad de una mayor sensibilización social. Sin embargo, la representación de personajes con trastornos como la psicopatía o el narcisismo a menudo viene cargada de conceptos erróneos o glamurización, lo que puede confundir y perpetuar estereotipos nocivos. La correcta representación de trastornos mentales en medios audiovisuales es esencial para educar y reducir el estigma, pudiendo así influir positivamente en el reconocimiento y tratamiento de dichas condiciones en la sociedad.
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El cine no es únicamente un fenómeno artístico o de entretenimiento: también puede ser una «usina de pensamiento», es decir, una posibilidad de pensar.

Es el filósofo francés Alain Badiou (2004) quien propone la acción de «pensar el cine» y entenderlo no sólo como arte sino también como «experimentación de pensamiento».

Existen muchos campos de estudios sobre el cine, desde los ámbitos de la comunicación audiovisual, la filosofía, la psicología… Pero, además, intuitivamente, todos podemos afirmar que pensamos sobre nuestras vidas y sentimos de manera diferente a partir del encuentro con lo audiovisual.

En las últimas décadas, gracias a las plataformas de streaming como Netflix, HBO y Amazon, las series comienzan a reemplazar al cine, así como el cine ha relevado a la literatura de los siglos XIX y XX como forma de relato predominante en términos de consumo (Carrión, 2014).

En todas y cada una de estas formas narrativas –literatura, cine, series– hay un relato sobre el mundo. Los seres humanos somos seres narrativos, contamos historias, y en estas historias se producen y reproducen lo que se conoce como «imaginarios sociales».

Los imaginarios son esquemas construidos socialmente (Pintos, 1995) que nos permiten entender el mundo, explicarlo y actuar en él. Existen imaginarios sobre qué es y cómo se representa una familia, un país, la humanidad…

Otros imaginarios sociales son sobre los problemas de salud mental. ¿Qué son y cómo se representan las formas del padecimiento mental?

Mucho se ha hablado de la representación de los trastornos mentales en la literatura, en el cine y en las series. Aunque el concepto de trastorno mental como es conocido actualmente tenga lugar recién a partir del siglo XIX, lo cierto es que el señalamiento de lo diferente o de lo «anormal» (Foucault, 2006) ha generado gran interés y curiosidad desde tiempos inmemoriales.

Puntualmente, en el libro «Imaginarios de los trastornos mentales en las series» (Martínez Lucena y Cambra Badii, 2020) nos preguntamos: ¿Qué significa un problema de salud mental en la época actual? ¿Cuáles son los tras­tornos mentales que se nos muestran en el imaginario cotidiano? ¿Cómo se representan los trastornos mentales en el mundo audiovisual, particularmente en las series televisivas? ¿Es su represen­tación fidedigna de acuerdo con los diagnósticos propuestos desde las diversas ciencias de la salud? ¿Qué novedad aportan las series a este respecto?

Desmontando 12 mitos sobre la salud mental

La idea de base es que en los últimos años estamos notando una sobreabundancia de personajes protagonistas de series televisivas afectados por algún trastorno de orden psicológico o psiquiátrico.

A través de esta importancia o este protagonismo del trastorno mental en las series, se logra divulgar sobre diferentes diagnósticos y, además, se «negocian» con el espectador los imaginarios sociales de las nuevas sociedades. Nos preguntamos: ¿es posible que a través de las series televisivas tengamos una representación diferente de los problemas de salud mental? ¿Es posible que esto influya en la creación de otros imaginarios colectivos?

En la investigación sobre series que aparece en el libro hemos encontrado retratos sobre la esquizofrenia y la psicopatía, las adicciones, las demencias, el autismo, la depresión y el suicidio, los trastornos sexuales, narcisistas, obsesivos compulsivos y de estrés postraumático. La variedad de formas clínicas se manifiesta a su vez en la variedad de representaciones en las series.

Quizás las películas y las series más resonantes son las de protagonistas con psicosis o esquizofrenias. Desde las clásicas películas «Psicosis» (Psycho, Hitchcock, 1960) y «El resplandor» (The Shining, Kubrick, 1980) y «Una mente maravillosa» (A beautiful mind, 2001), hasta la reciente Joker (2019), estas películas nos muestran a personas que no pueden controlar sus impulsos, sufren alucinaciones y delirios, y obtienen mayor o menor ayuda por parte de la sociedad. En «Psicosis», además, se ofrece una escena antológica con una explicación profesional sobre el fenómeno, como si se guiara a la audiencia para obtener mayor conocimiento sobre este trastorno.

Este tipo de personajes también tienen su protagonismo indiscutido en las series, entre otras: Bates Motel (2013-2017), Mr. Robot (2015-2019), Maniac (2018) y Homeland (2011-2020). Por ejemplo, en Homeland, la protagonista Carrie Mathison es presentada como agente de la CIA y bipolar. La serie detalla las dos fases del trastorno con bastante claridad desde la primera temporada, con variados síntomas paranoicos y maníacos, y luego una fase depresiva más breve. Todo esto con la inquietud subyacente de que la CIA se entere del diagnóstico porque de esa manera la apartarían de su trabajo: en este caso, el diagnóstico podría ser un motivo de estigma, ya que quedaría automáticamente desacreditada para poder hacer el trabajo que le apasiona. Como espectadores, nos identificamos con sus dificultades y seguimos los pasos de la protagonista deseando que no se enteren del trastorno, lo cual podría multiplicar el estigma que se desprende de este imaginario.

Es interesante puntualizar que en muchos casos la ficcionalización de algunas historias puede llevar a confusiones o errores en la interpretación de distintos signos y síntomas de los trastornos, e incluso a confusiones respecto de los tratamientos. Por ejemplo, en United States of Tara (2009-2011) una mujer con trastorno disociativo de la persona­lidad permanece sin tratamiento farmacológico e incluso psico­terapéutico durante semanas e incluso meses, lo cual podría ser pernicioso tanto para ella como para su familia. En  «Por 13 razones» (13 Reasons Why, 2017-2020) la adolescente Hannah Baker se suicida en una esce­na demasiado ilustrativa visualmente, que luego se eliminó por recomendaciones de no difundir imágenes sobre suicidios, que pudieran generar identificaciones e imitaciones.

Por 13 razones

El peligro de «glamurizar» la muerte por suicidio

Si bien podría destacarse que la serie «Por 13 razones» ponga el tema de la depresión en discusión, sobre todo con un público adolescente y joven, la forma en que lo hace es desacertada en más de una ocasión. Esta serie provee asociaciones equivocadas y unicausales entre el acoso escolar y la depresión, cuando en realidad son problemas complejos y multideterminados. Además, ofrece una asociación equivocada entre depresión  y suicidio, con una idea de inevitabilidad del suicidio, que contribuye a difundir ideas erróneas. La advertencia de considerar al suicidio como una «lección» para que los demás «aprendan» es uno de los mensajes más perniciosos de la serie, como la banalidad y poca precisión en la difusión de imágenes sensibles a los espectadores, en su mayoría adolescentes, con el peligro de imitación que ello conlleva.

En este sentido, mejor volver a películas como «Las Horas» (The Hours, 2002) o series como My Mad Fat Diary (2013-2015), Please Like Me (2013-2016), The Affair (2014-2019) o BoJack Horseman (2014-2020) para pensar sobre la depresión y los cambios de humor, falta de motivación y concentración, tristeza, pesimismo, baja autoestima, ansiedad y, en algunos casos, ideación suicida. La depresión es uno de los trastornos mentales más extendidos de nuestros tiempos, y a su vez una de las más silenciadas (Lopera-Mármol, 2020), razón por la cual son especialmente importantes estas películas y series que visibilizan la depresión por fuera de cualquier banalidad.

En algunas de las series estudiadas en el libro, como Maniac (2018), Atypical (2017-2021) y Euphoria (2019-), los personajes no se definen únicamente por su diagnóstico. Son personas que hacen y viven muchas más cosas más allá de la vivencia del trastorno mental.

Sin embargo, en algunos casos las transformaciones que los personajes tienen en las diferentes temporadas de las series pue­den llevar a una ilusoria percepción de cambio, como en el caso de los autismos asociados con altos coeficientes intelectuales, como en The Good Doctor (2017-). En este caso, la representación del diagnóstico incluye nuevas etiquetas: la de ser destacados por sus logros, o la obligación de ir cambiando y «mejorando» con el tiempo.

Para terminar, es interesante reflexionar sobre una particular sobreabundancia de personajes de los últimos años, cuyas conductas pueden ser pensadas como parte de trastornos narcisistas o incluso psicopatías. Si bien este tipo de personajes ya despertaba fascinación con las clásicas películas «El silencio de los corderos» (Silence of the Lambs, Demme, 1991) y «Psicópata americano» (American Psycho, 2000), a la que hace algunos años se sumó «Tenemos que hablar de Kevin» (We need to talk about Kevin, 2011), es con el universo de las series que este interés se expande y ramifica.

Tanto en Dexter (2006-2013, 2021), Breaking Bad (2008-2013), Hannibal (2013-2015), Killing Eve (2018-2022) y Mindhunter (2017-2019) vemos protagonistas que asesinan a sangre fría y son capaces de conmovernos con su ausencia casi total de empatía y un llamativo encanto y autoconfianza.

Las conductas delictivas, en algunos casos, se producen por esta incapacidad empática con el prójimo, pero en otros se justifican mediante otros trastornos mentales, como en Mr. Robot (2015-2019) y su incapacidad para discernir realidad y alucinación. De una u otra manera, sobrevuela la idea de peligrosidad, tan frecuentemente asociada a los imaginarios sobre la psicosis, la demencia o la psicopatía.

Estos estereotipos pueden conducir a un estigma donde la representación del trastorno mental quede asociada a determinada característica, cuando en nuestra realidad cotidiana puede no ser siempre así.

En los últimos años también se observan personajes narcisistas que pueden confundirse perfectamente con el resto de los personajes de la serie. Tal es el caso de The morning show (2019-), cuyo encanto hace que nos veamos seducidos por los argumentos de los personajes y perdamos de vista la legalidad o ilegalidad de sus acciones. Estos personajes son confusos, nos sumergen en sus argumentos y en sus encantos, y es justamente allí donde radica el peligro. En estos casos debemos tomar un poco de distancia y reflexionar; y ese punto de incomodidad que provoca la serie es, justamente, uno de sus grandes aciertos.

En definitiva, tanto en las películas como en las series que hemos mencionados, sobrevuela la pregunta: ¿nos identificamos con el problema de salud mental, empatizamos con sus protagonistas, o los apartamos de nuestra realidad cotidiana y los estigmatizamos?

Es interesante que en las series de los últimos años casi no hemos visto ridiculizaciones de los personajes con padecimiento mental, sino más bien lo contrario: la posibilidad de empatizar con personajes protagónicos frágiles, vulnerables.

Sin lugar a dudas, esta es una ocasión única para poder sensibilizar a la sociedad en general respecto de estos padecimientos, y para difundir las características y posibilidades de acompañamiento terapéutico y la necesidad de contar con espacios de cuidado para la salud mental.

Si tienes pensamientos suicidas, pide ayuda:

También puedes comunicarte con los servicios de emergencia locales de tu zona de residencia.