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Artículo

El trauma y la desesperanza, dos factores clave en la conducta suicida

La incidencia de las experiencias traumáticas en el riesgo de suicidio
Angélica Cuautle Bastida

Dra. Angélica Cuautle Bastida

Psiquiatra referente de Urgencias de Psiquiatría e Interconsulta
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Chico triste en el bosque

En el mundo fallecen más de 700.000 personas por suicidio cada año, según la Organización Mundial de la Salud. En España, durante el 2022, fallecieron 4.097 personas por esta causa, la cifra más alta desde que se tienen registros. Esto supone un aumento del 2,35 % respecto al 2021 (Observatorio del suicidio en España 2021, Fundación Española para la Prevención del Suicidio)

La conducta suicida es un fenómeno complejo y multifactorial en el que interaccionan múltiples factores distales y proximales. Los factores distales son los factores genéticos y eventos adversos en la infancia. Los factores proximales son las situaciones estresantes actuales o síntomas mentales presentes. Esto, en parte, podría explicar por qué algunas personas y no todas presentan conducta suicida ante ciertas situaciones.

La desesperanza en la conducta suicida

La desesperanza es un factor clave y ampliamente estudiado en la conducta suicida y puede aparecer en presencia de la adversidad (actual) y del trauma (historia vital).

Para poder explicar la desesperanza, es necesario describir la esperanza como un concepto:

  • Dinámico.
  • Multidimensional.
  • De empoderamiento.
  • Centrado en la vida.
  • Relacionado con la ayuda externa.
  • Relacionado con el cuidado.
  • Orientado hacia el futuro.
  • Altamente individualizado.

La esperanza es una herramienta eficaz para el manejo de la conducta suicida.

La desesperanza, en cambio, es una experiencia dentro de la condición humana, descrita como falta de esperanza o de deseos de esperanza, desesperación o sentirse desesperanzado. La esperanza y la desesperanza son conceptos continuos, que van desde la esperanza hasta la absoluta y extrema desesperanza. Se trata de un concepto:

  • Multidimensional.
  • Dinámico.
  • Conlleva desempoderamiento.
  • Amenaza a la calidad y longevidad de la vida.
  • Relacionado a la ausencia de cariño.
  • Orientado hacia el pasado.
  • Altamente personalizado.

La  desesperanza a largo plazo supone una amenaza en la calidad de vida de las personas, tanto física como psicológica, y es un factor clave en las teorías explicativas sobre el suicidio

La desesperanza es un constructo que abarca aspectos:

  • Motivacionales: conlleva una falta de iniciación de respuesta y una falta de expectativa hacia el futuro.
  • Cognitivos: dificultades para que la persona valore su capacidad de control y respuesta. Hay una incapacidad para pensar o imaginar un futuro tolerable. Altera la capacidad de concentración, búsqueda y realización de resoluciones de problemas.
  • Emocionales: tristeza.

Dentro de la fenomenología de la conducta suicida, existen varios componentes como la rigidez cognitiva, que restringe cómo percibimos la realidad y nuestra reacción hacia el entorno. Esta rigidez dificulta que se puedan valorar alternativas y se percibe la realidad como intolerable, y esto conlleva una sensación de desesperanza. La persona se ve atascada en el pasado y es incapaz de ver el futuro, se centra en sus fallos y dudas.

La presencia de desesperanza a largo plazo supone una amenaza en la calidad de vida de las personas, tanto física como psicológica y espiritual. Se trata de un factor clave en las teorías explicativas sobre el suicidio:

La teoría de Beck

Centra la desesperanza como un factor que prevalece en toda conducta suicida. La persona tiene una percepción desadaptativa y negativa de la realidad y no puede hacer una formulación positiva que conlleve la esperanza.

La teoría de la desesperanza

Explica que la interacción entre estilos de afrontamiento negativos y eventos negativos generan la sensación de desesperanza.

La teoría interpersonal

Postula que la muerte por suicidio está condicionada por dos factores: el deseo de suicidio y la capacidad de realizar un intento de suicidio. El deseo de suicidio es el resultado de:

  • Experimentar falta de pertenencia.
  • Sensación de ser una carga para la familia, los amigos o la sociedad.
  • Desesperanza hacia el futuro.

Explica que la sensación de falta de pertenencia y de ser una carga genera un deseo de morir que puede poner a la persona en un riesgo de presentar ideación suicida. Este constructo puede variar con el tiempo por cambios interpersonales e intrapersonales. La falta de pertenencia más la sensación de carga, junto a la presencia de desesperanza sobre el futuro, genera que el deseo de muerte pasivo se vuelva activo. Esta teoría posiciona a la desesperanza como el factor clave entre la ideación y la intención.

La falta de pertenencia más la sensación de carga, junto a la presencia de desesperanza sobre el futuro, genera que el deseo de muerte pasivo se vuelva activo.

La teoría de los 3 pasos

Explica que la ideación suicida es el resultado de la combinación del dolor (principalmente psicológico) y la desesperanza. La presencia de conectividad es el factor protector clave que evita el paso al acto. Los tres pasos descritos en esta teoría son:

  1. Desarrollo de la ideación suicida: en esta teoría se considera que el primer paso para presentar la ideación suicida es el dolor (físico o psicológico), cuya presencia hace que disminuya el deseo de vivir. El dolor en sí solo no es suficiente para producir la ideación suicida, y es necesaria la presencia de la  desesperanza para desarrollar la conducta suicida. La persona tiene la sensación de desesperanza y cree que su dolor no va a mejorar.
  2. Ideación suicida moderada a grave: la falta de conexión con otras personas es el segundo paso hacia el intento de suicido potencial. La conexión puede ser con un proyecto, un rol, un interés o un trabajo que genere una persecución de propósito o sentido a la vida. La presencia de sentimiento de conexión hace que el sentimiento de dolor y desesperanza se mitigue.
  3. Progresión de ideación hacia intento de suicidio: la capacidad de suicidio se adquiere con la habituación al dolor, el miedo y la muerte. Los antecedentes de exposición a eventos adversos en la vida de las personas (situaciones traumáticas) generan recursos de afrontamiento que no son efectivos y conllevan una capacidad hacia el suicidio.

Los patrones de conducta o afrontamiento que conllevan la presencia de la desesperanza no se generan de forma espontánea. Suele ser una respuesta del pasado que se perpetúa en el presente y en el futuro de las personas.

Claves prevencion suicidio

Claves para la prevención de la conducta suicida

La relación entre los traumas del pasado, la desesperanza y la conducta suicida

En la bibliografía se repite el argumento de que la esperanza está orientada hacia el futuro y la desesperanza hacia el pasado. Las personas que presenta conducta suicida suelen tener en sus pasados historias que están relacionadas con el sentimiento de desesperanza. Las personas con experiencias traumáticas tienen un mayor riesgo de conducta suicida. (Sadeck, J., 2019; Van Orden K.A., 2010; Klonsky D., 2015; Liu R.T., 2025; Pompili M., 2021)

En este contexto debemos introducir el concepto de apego, que nos proporciona un marco de cómo entender nuestras relaciones con otras personas y nuestro bienestar emocional. En este sentido, el bebé desarrolla una visión de sí mismo, de los otros y del mundo basada en sus experiencias iniciales con sus figuras de apego. La regulación emocional se desarrolla a través de la interacción con la persona cuidadora principal.

El apego seguro conlleva la internalización de conductas que llevan a la regulación emocional tranquilizadora. La persona tiene recursos para tolerar la desesperanza, porque es capaz de aceptar sus limitaciones, habrá una capacidad para tolerar la realidad y aceptar que el sufrimiento es inevitable.

Las personas que presenta conducta suicida suelen tener en sus pasados historias que están relacionadas con el sentimiento de desesperanza. Las personas con experiencias traumáticas tienen un mayor riesgo de conducta suicida

Hay estudios que relacionan el apego inseguro con un mayor riesgo de conducta suicida. (Miniati M., 2017; Turton H, 2022). Se considera que las experiencias adversas en la etapa de desarrollo de apego pueden generar patrones de apego inseguro que en la edad adulta se reflejarán con pesimismo, dificultades para desarrollar una identidad estable, soledad, dificultades en la regulación emocional, baja autoestima, desesperanza y riesgo suicida. Así pues, los niños o niñas que sufren situaciones traumáticas perpetuadas por una figura de apego pueden generan una sensación de traición que conlleva una mayor desregulación emocional. Se cree que el factor de desregulación emocional podría ser la clave que explicaría un mayor riesgo suicida.

Desarrollo emocional

El desarrollo socioemocional en la adolescencia

Las personas tienen riesgo de desarrollar estrategias de afrontamiento que dificultan su capacidad de afrontar la pérdida, el rechazo y la decepción. En la vida habrá momentos de adversidad que generarán crisis suicidas, en los que la persona se verá incapaz de generar estrategias que la tranquilicen y tendrá una sensación de soledad similar a la experimentada en etapas más tempranas del desarrollo del apego.

Trauma relacional

La presencia de adversidades en la infancia como el abuso infantil es uno de los factores de riesgo más estrechamente relacionados con la conducta suicida. Algunos estudios señalan que el 30 % de las personas que presentan conducta suicida tienen antecedentes traumáticos (maltrato infantil, abuso sexual, abuso emocional, negligencia, etc.). En el caso concreto del abuso infantil, esta cifra llega hasta el 43%, según algunos estudios, que señalan también que el abuso en la infancia genera un patrón cognitivo de vulnerabilidad hacia la depresión y la desesperanza. (Panagioti M., 2009; Berardelli I., 2022; Spokas M., 2009)

En los eventos adversos durante la infancia, el niño o la niña intenta entender la causa de este maltrato para poder prevenirlo en el futuro. La secuencia es la siguiente:

  1. Inicialmente, hace una atribución externa e inestable del origen de esta situación adversa.
  2. Si la situación se cronifica, estas atribuciones iniciales no se confirman y aumenta la probabilidad que el niño o la niña haga una atribución interna y esta se pueda establecer de forma permanente. Cree que hay algo en su persona que lo hace propenso a ser el objeto de un abuso repetido.
  3. Se desarrolla una sensación de desesperanza hacia una perspectiva de poder abordar la adversidad y el futuro. Esto conlleva un mayor riesgo de depresión.
  4. La perpetuación de los eventos traumáticos refuerza estas atribuciones.

El 30 % de las personas que presentan conducta suicida tienen antecedentes traumáticos, como maltrato infantil, abuso sexual, abuso emocional, negligencia, etc.

Las situaciones traumáticas perpetradas por personas cercanas son las de mayor impacto y predisponen a una sensación de inseguridad y a un mayor riesgo de conducta suicida. Esta situación compromete la capacidad de la persona a hacer frente a situaciones dolorosas futuras. La persona tiende a desarrollar un sentimiento de culpa que está estrechamente relacionada con la agresión y la hostilidad, principalmente hacia sí mismo.

Trauma único y trastorno por estrés postraumático (TPEPT)

El trauma y el trastorno por estrés postraumático suponen un mayor riesgo de conducta suicida.

El trauma no lo genera la situación, sino la respuesta afectiva, muchas veces asociada a una desesperanza de no poder escapar. En una situación estresante hay una activación de pánico, lucha, terror, etc. cuyo objetivo es el de lograr que la persona escape. Pero cuando esto no es posible genera dolor, desesperación y desesperanza por el hecho de estar atrapado. Esta situación puede pasar de ser tolerable a intolerable. En esta linea, existe la Teoría de llanto de dolor (Cry of Pain), en la que se explica que la conducta suicida se desencadena por la sensación de atrapamiento y que esta sensación provoca desesperanza hacia la sensación de incapacidad de escapar. En esta teoría se cree que las pesadillas presentes en el estrés postraumático podrían desencadenar la sensación de derrota, atrapamiento y desesperanza.

También hay estudios que demuestran que la presencia de desesperanza estaría estrechamente relacionada con un mayor riesgo de suicidio en personas con trastorno postraumático. (Panagioti M., 2009; Berardelli, I., 2022; Spokas, M. 2009). La persona tiene una sensación de derrota o humillación o la sensación de estar atrapada y esto podría estar relacionado con un mayor riesgo de depresión y suicidio. La sensación de atrapamiento es diferente a la desesperanza y esta sensación puede ser de origen interno (dolor, pensamientos, sentimientos) o externo (relacionado con la motivación de escapar y la percepción de que las rutas de salida están bloqueadas).

En conclusión, la desesperanza forma parte del compendio emocional de la vida cotidiana y también de la adversidad. La gran mayoría de las personas presenta adversidad y desesperanza a lo largo de la vida y con mucha frecuencia de forma simultánea. Las situaciones traumáticas pueden desarrollar un patrón de conducta en el que predomine la sensación de desesperanza a través de diferentes mecanismos. Estos patrones se perpetuarían en la vida de las personas y en situaciones de crisis y adversidad conllevarían un mayor riesgo de suicidio.

Este riesgo puede disminuir, si potenciamos recursos de afrontamiento como (Sadeck, J, 2019):

  • Mapear: habilidad para recolectar información para planificar y buscar alternativas.
  • Minimizar: habilidad para reducir importancia a los efectos negativos de las experiencias traumáticas.
  • Reemplazar: habilidad para sobrellevar los eventos negativos llevando a cabo acciones alternativas.
Actuar ante sospecha suicidio

¿Qué hacer si una persona cercana tiene ideas suicidas?

 

Si tienes pensamientos suicidas, pide ayuda:

También puedes comunicarte con los servicios de emergencia locales de tu zona de residencia.