Eva Molina Arnaiz
Persona afectada por una depresión mayor y un trastorno generalizado de ansiedad

«Es importante volver a encontrar el placer en las cosas esenciales»

La depresión es un trastorno de salud mental que se caracteriza por un estado de ánimo bajo persistente y por la pérdida de placer en la mayoría de las actividades. Y puede convertirse en un problema de salud importante que impide que la persona lleve a cabo sus actividades habituales en todos los ámbitos de su vida.

A menudo este estado puede ir acompañado de un trastorno de ansiedad que hace difícil afrontar el día a día. «Podía llegar a tener siete ataques de ansiedad o pánico al día, y eso era insoportable para mí», nos comparte Eva Molina, que hace cinco años fue diagnosticada con una depresión mayor. De vez en cuando, la ansiedad todavía le da algún susto. Cuando esto ocurre, «sientes mareo, te pones muy nerviosa, tienes taquicardia y mucha aceleración mental. Siento tanto dolor interior que quiero sacarlo con un grito y no puedo. No puedo respirar, me quedo con apnea y mi pecho hace movimientos espasmódicos... Cuando consigo que entre el aire, entonces puedo estar llorando mucho rato, el cuerpo se me debilita, no me aguanto de pie, me caigo en el suelo, me duele la piel y no soporto que nadie me toque; solo quiero tumbarme en el suelo, abrir el pecho, con una sensación de pánico que no me abandona». Y eso, ¡hasta siete veces al día!

Eva es una mujer fuerte, alegre, vital, que siempre ha hecho reír a los demás en los encuentros con los amigos y que ha superado momentos graves e importantes en su vida. «Hay muchos prejuicios sobre la depresión, porque la gente piensa que solo la tienen las personas débiles y tristes. Y es mentira, no depende de la fortaleza de la persona. Todos tenemos debilidades y forman parte de nosotros». En este sentido, hablando de los prejuicios de este trastorno mental, cree que «hay gente que se aleja de ti, que te preguntan cómo estás, pero realmente no quieren saberlo, porque no pueden soportar el dolor de la persona que tienen delante, porque seguro que se miran en ti y piensan que cualquier día les puede pasar a ellos».

La depresión: un trastorno que dificulta el día a día

Hace unos años se unieron algunos factores en la vida de Eva que hicieron estallar la enfermedad: la pérdida de un ser querido, un problema de salud y el estrés e implicación absoluta en el trabajo. Desde que tuvo los primeros síntomas hasta que fue diagnosticada pasó un año. Un año eterno, en el que dormía fatal, estaba siempre nerviosa, con taquicardias constantes, no podía concentrarse ni prestar atención y comía muy poco. «Entraba a las tres de la tarde a trabajar, pero hasta la una no podía levantarme de la cama. No podía con mi vida, era un peso demasiado grande para mí, pero cogía impulso para darlo todo en el trabajo, y cuando salía estaba agotada del todo, no podía hacer otra cosa. Y así, me alejé también de la gente».   

Hay muchos prejuicios sobre la depresión, porque la gente piensa que solo la tienen las personas débiles y tristes. Y es mentira, no depende de la fortaleza de la persona.

Cuando el cuerpo de Eva ya no pudo más, una lumbalgia repentina mientras jugaba con su gato hizo que se detuviera. «Cuando me detuve, entonces estalló todo por completo», recuerda, aunque reconoce que «ya sabía lo que tenía, porque en una visita al médico por unas migrañas que sufría ya vieron cómo estaba y me derivaron a psiquiatría, pero no quise aceptar la baja. Supongo que para mí era como abrir la caja de Pandora y me daba miedo todo lo que vendría después, así que me lo negaba».

La enfermedad ha interferido, evidentemente, en su día a día: «Recuerdo estar delante del armario llorando porque no podía pensar ni elegir la ropa para ponerme, o salir corriendo de casa, porque tenía agorafobia, y llegar al supermercado y no recordar qué leche tenía que comprar y ponerme a llorar». Y también en sus relaciones personales, en el trabajo y en las dinámicas familiares. Ha tenido momentos tan duros que le han hecho pensar que no podría soportarlo más. Pero, junto con el tratamiento farmacológico y psicológico, también ha ido adquiriendo estrategias para sentirse bien y conocerse cada día mejor. «Al principio empecé poco a poco fijando objetivos: coger el autobús, caminar una manzana de edificios, ir de compras sola... Pero lo que me ha ayudado mucho es pensar que no tenía que demostrar nada a nadie, sino que debía aceptar cómo estaba. Si tú no aceptas que estás enferma, no puedes ir hacia la salud».

La recuperación: estrategias para sentirse mejor

Adquirir hábitos saludables ha sido clave en la recuperación de Eva: hacer ejercicio a diario, comer bien, descansar y practicar meditación y kundalini yoga. Para ella, la alimentación ha sido uno de los pilares básicos en todo este proceso: «Recomiendo mucho aprender a comer bien y aprender cómo los alimentos pueden ayudarte a tener una buena salud física y mental». Pero también ha sido muy importante en este proceso de recuperación el arte, «que me salva siempre». Y, desde que empezó a tejer para mejorar su concentración, ha descubierto el arte textil, que ahora la tiene «enganchada del todo». Y reír y cantar, y volver a encontrar el placer en cosas tan esenciales como comer chocolate o escuchar una canción.

Eva se siente afortunada de tener las amigas que tiene y del apoyo que ha recibido de las personas que le quieren, que a menudo seguro que han sentido impotencia por no poder ayudarla, pero han estado a su lado de manera incondicional. También explica, sin embargo, la dificultad de su entorno para afrontar esta situación: «La gente que te quiere no sabe cómo actuar y muchas veces creen que dándote caña te ayudan. Esto me ha pasado con alguna amiga, que cada vez que le decía que no había buscado trabajo o que todavía no había empezado a salir a la calle y a hacer cosas sociales, yo tenía la sensación de que se enfadaba conmigo porque creía que no lo hacía porque no quería. Pero esto no me ayudaba, porque yo no es que no quisiera, es que no podía».

Me ha ayudado mucho pensar que no tenía que demostrar nada a nadie, sino que debía aceptar que estaba enferma, para poder ir hacia la salud.

«Ahora me siento muy bien. Me conozco mejor y sé cuándo debo detenerme, cuando no he de pasar por encima de mis posibilidades». Eva es una mujer positiva, risueña, que transmite muy buen rollo y que intenta vivir cada día con intensidad. Y cuando vuelven algunos de los momentos complicados que la hacen desconectar y pasarlo mal, piensa: «Aunque estés asustada, horrorizada, aterrorizada, eso pasa, mañana quizás no lo tengas». Y ese es el mensaje que transmite a la gente de alrededor: «No estoy bien, pero lo estaré, podéis estar seguros».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 21 de Marzo de 2022
Última modificación: 25 de Marzo de 2022
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