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La ansiedad en la infancia y adolescencia

Un problema frecuente pero no siempre sinónimo de enfermedad
Claudia González López

Claudia González López

Enfermera especialista en salud mental. Coordinadora Fuden inclusiva. Departamento de Investigación
Fundación para el desarrollo de la enfermería (FUDEN)
ansiedad infantil

Fomentar estrategias para promover y cuidar la salud mental de las niñas, niños y adolescentes es fundamental para su desarrollo individual y social. No hay salud si no hay salud mental y no puede esperarse salud mental en el adulto si no la habido en la infancia.

La salud mental no se debe limitar exclusivamente a los trastornos mentales, si no que debe ser entendida como un aspecto necesario y esencial para la vida de las personas, que se moldea con sus experiencias individuales. Prestar atención a estas experiencias, especialmente en los primeros años de vida, es crucial, ya que existe práctica unanimidad sobre el gran impacto que estas ejercen sobre la salud mental de la vida adulta.

Muchas cuestiones relacionadas con la salud mental están influenciadas por el entorno y por condicionantes externos. Son múltiples las causas que influyen en el desarrollo de problemas de salud mental en la infancia y adolescencia: el temperamento de cada niño, estilos educativos, la familia, acontecimientos vitales, factores genéticos, socioculturales, pre y perinatales o inmunológicos, entre muchos otros.

La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes

La ansiedad es una de las problemáticas de salud mental que se presentan durante la infancia y la adolescencia con más frecuencia. Entre un 10% y un 20% de los niños y adolescentes presentará ansiedad en algún momento, lo que hace que sea un problema relevante en este rango de edad. Si no se trata, puede tener importantes consecuencias negativas en el normal desarrollo de la niña, niño o adolescente, ya que influirá en su área social, académica y familiar.

¿Cuándo la ansiedad ayuda y cuando se convierte en un problema?

Es importante diferenciar entre una ansiedad normal, con una función adaptativa, de aquella que obstaculiza el normal funcionamiento del niño y por lo tanto requiere de consulta a un profesional de la salud. La ansiedad se puede convertir en un trastorno, cuando aparece miedo o angustia muy intensa, sin que exista un peligro real o, si existe, la intensidad o duración son desproporcionados. Estos sentimientos son normales y necesarios, y suceden consustancialmente durante el desarrollo de las personas, es decir, no son sinónimos de enfermedad o trastornos en sí mismos.

Las causas, la forma en que se manifiestan y sus funciones adaptativas evolucionan y se diversifican conforme el niño crece, por lo que las forma en la que se presentan los trastornos de ansiedad están determinados por el momento del desarrollo del menor en el que aparecen. Por ejemplo, es normal el miedo a separarse de los padres o a ruidos muy fuertes durante los primeros años de vida, sí, a los 12 años, habría que estar pendiente.

Así, estos miedos o vivencias normales significarán un problema, constituyendo un trastorno, cuando su forma de presentación es exagerada, cuando ya no cumplen una función adaptativa, sino que interfieren en la calidad de vida de los menores, obstaculizando su normal funcionamiento y desarrollo.

Ansiedad normal Ansiedad como problema
Episodios poco frecuentes, que no influyen fuertemente en la vida cotidiana del niño o adolescente. Poco intenso y no dura mucho en el tiempo, por lo que el malestar que genera es pasajero y acorde con la situación. Son reacciones esperables y comunes. Ejemplo: estar un poco nervioso antes de un examen es una ansiedad normal y necesaria, ya que nos ayudará a rendir e incluso a concentrarnos mejor. Episodios repetidos, de intensidad y duración alta. El malestar generado es problemático y se mantiene en el tiempo, hasta el punto de que a veces ni siquiera sabe el porqué del mismo. Interfiere en nuestra vida diaria. Ejemplo: evita situaciones, siente mucha angustia y un miedo incapacitante, le cambia el ánimo, está más irritable…

¿Cuáles son los trastornos de ansiedad más frecuentes en la infancia y adolescencia?

  • Ansiedad por separación: angustia cuando la niña o el niño tienen que separarse de los padres o cuidadores (por ejemplo, al irse a dormir, al colegio, de excursión…).
  • Trastornos de ansiedad generalizada: ansiedad o preocupación excesivas sobre un gran número de hechos, persistentes, que se presentan la mayor parte de los días durante varias semanas seguidas y con dificultades para su autocontrol.
  • Trastornos de ansiedad fóbica: miedo persistente y recurrente, que no tiene por que ser raro para su edad, pero sí que, en una intensidad muy elevada, con interferencia en sus actividades cotidianas, durante más de 4 semanas. La clave en la fobia es la evitación, por ejemplo, no querer ir al colegio (Fobia escolar), tener contacto con otras personas (Fobia social) o a lugares de los cuales puede ser difícil salir o embarazoso escapar (Agorafobia)
  • Trastornos de pánico: aparece de forma inesperada y recurrente crisis de angustia, con malestar o miedo muy intenso de inicio brusco, con síntomas corporales como falta de aire y hormigueo en las extremidades. Suelen durar en su máxima intensidad alrededor de 10 minutos.
  • Otros: Trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés postraumático, mutismo selectivo…

¿Qué puede notar o sentir la niña, niño o adolescente con ansiedad?

Puede notar cosas físicas, como que el corazón le va muy rápido, o mentales, como dificultades para concentrarse o en el comportamiento, así como dificultades para relacionarse con los demás.

Los síntomas podemos agruparlos entonces en estos tres grupos.

  • Mentales o cognitivos: el niño o adolescente se presenta temeroso, miedoso y tímido, nervioso, aprensivo, quejoso, estresado, preocupado, frustrado, distraído y con dificultad de concentración.
  • Conductuales o de comportamiento: el niño o adolescente se presenta inquieto, aferrado al adulto, dependiente, reservado, reacio a actuar, que evita, indeciso o poco dispuesto a hacer algo.
  • Corporales o físicos: el corazón le va muy rápido, tiene dificultades para respirar, sudor, rigidez, dolor de cabeza, mareo.

¿Qué se puede hacer para prevenir la ansiedad o para que se sientan mejor?

  • Dieta sana y equilibrada.
  • Dormir lo suficiente. Asegurar unas horas de sueño reparador, para estar preparados para la batalla de cada día, tomárselo como una prescripción.
  • Realizar ejercicio a diario. Aumentar la actividad cotidiana.
  • Organizar bien las tareas y actividades. Dejar tiempo todos los días para actividades placenteras.
  • Planear pausas y descansos durante el día.
  • Afrontar e intentar resolver los problemas cuanto antes. No dejarlos para más adelante.
  • Mejorar la autoestima: Hacerle pequeños regalos cuando consigue sus metas.
  • Comunicación asertiva con los demás.
  • Practicar técnicas de relajación o mindfulness.

Todos sentimos ansiedad en algún momento de nuestra vida, la clave es afrontarlo y buscar soluciones. Si una niña, niño o adolescente expresa que se siente ansioso, o los de alrededor observan cambios, nunca se debe banalizar. «¡Venga…no pasa nada!» o «¡Tranquilízate!» Pueden ser frases que aumenten aún más su ansiedad y que les hagan sentirse culpables.

Si la ansiedad interfiere y obstaculiza el normal funcionamiento de la niña, niño y adolescente, tanto en su salud, en sus relaciones con amistades y familia, como en el colegio o instituto, se deberá consultar a un profesional. Tratarlo es muy importante para que no se convierta en un problema. No hay salud sin salud mental, ayudemos a los niños y adolescentes a cuidarla.

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